Columna/ Entre la humillación y el deshonor

Fecha

Bogotá, 2 de octubre de 2017

Autor

Por: Thania Vega

Por:

Thania Vega de Plazas

Senadora

 

Desde que el presidente Juan Manuel Santos convirtió a los terroristas de las Farc en ciudadanos de primera clase por encima de los colombianos, nuestras Fuerzas Armadas han ocupado el lugar de la humillación y el deshonor, por cumplir con su deber constitucional de defender esta sufrida patria, ahora en manos del terrorismo que se tomó todas las instituciones con la anuencia de un gobierno débil y corrupto.

 

¿A quién se le puede ocurrir que hombres que entregaron su vida por defender al país de los ataques terroristas de las Farc, el Eln y el M19, terminen humillados ante el mundo pidiendo perdón por su actuación en defensa de la patria?, mientras que los terroristas y asesinos, responsables de masacres, violaciones, homicidios y secuestros, se pavonean por las calles de las principales ciudades haciendo política y hablando de paz.

 

Es por eso que en esta columna quiero poner de presente que una vez más nuestras Fuerzas Armadas serán obligadas a pedir perdón por su actuar; así como ocurrió en el Palacio de Justicia, en el caso Santo Domingo, ahora pasará con Bojayá, donde en un hecho reprochable se ha ordenado a nuestras Fuerzas Militares pedir perdón a las víctimas de esa masacre cometida en 2002 por el grupo narcoterrorista de las Farc, hoy convertidos en estadistas y congresistas.

 

Debo decirlo, ésta exigencia de perdón es una afrenta directa contra la institucionalidad que representa la Fuerza Pública en Colombia. En el mencionado ataque terrorista murieron más de 119 civiles, entre ellos, un considerable número de menores de edad.

 

Pero aquí no termina este despropósito, pues adicional a la orden vía sentencia judicial, el Ministerio de Defensa Nacional el 22 de septiembre del presente año, publicó un estudio previo cuyo objeto es el siguiente: “Contratar un operador logístico que preste servicios para la organización, administración y ejecución de los eventos previos a las excusas públicas que rendirán las fuerzas militares por los hechos ocurridos en Bojayá en 2 de mayo de 2002”.

 

El desbalance es tal, que mientras a las Fuerzas Armadas se les exige pedirle perdón a las víctimas de Bojayá, a las Farc, que fueron los autores de la masacre, se les ha premiado con curules directas al Congreso de la República, entre otras conocidas prebendas y beneficios jurídicos.

 

Esta exigencia se da paralelamente a la presentación de los nuevos magistrados que compondrán la JEP, jueces muchos de ellos, contratistas del gobierno nacional y otros reconocidos por pertenecer a grupos de abogados dedicados a la persecución de los hombres de las Fuerzas Militares; para que vayamos viendo lo que viene con ese sistema de justicia revanchista y de venganza.

 

¿Cómo podremos explicarle a las jóvenes generaciones de éste país, que si son víctimas del terrorismo, ellos deben pedir perdón por dejarse extorsionar o secuestrar?, esto escapa a cualquiera y más elemental juicio de valor sobre las cosas.

 

Definitivamente, o derrotamos al terrorismo en 2018 en las urnas, o estos narcoguerrilleros acaban con Colombia y con todos nosotros.

 

Nota 1: Toda nuestra solidaridad con la familia Arias – Serrano, víctimas de persecución judicial ordenada por el gobierno del presidente Juan Manuel Santos, que vio en Andrés Felipe Arias una seria competencia para llegar a la presidencia, con lo que nos hubiéramos evitado este dolor de ver a las Farc ordenando al gobierno de turno.

 

Nota 2: Nuestro mensaje de valor y fortaleza para los familiares del teniente Wilfredo Madrigalez Galvez y los patrulleros Carlos Márquez y Juan Cabrera, víctimas del terrorismo del Eln que asesinando policías y volando oleoductos lograron que éste gobierno genuflexo los dejara de perseguir.  

 

(FIN)