Discurso del precandidato presidencial, Carlos Holmes Trujillo, en la segunda Convención Nacional del Centro Democrático

Fecha

Bogotá, 6 de mayo de 2017

Autor

Prensa Centro Democrático

Bogotá, 6 de mayo de 2017 (CD).

 

“He sido alcalde de Cali, Ministro varias veces, Embajador en la ONU, Constituyente, Alto Comisionado para la Paz, dirigente de gremio de empresas privadas y académico. Hay muchas historias que podría compartir con ustedes, pero quiero referirme hoy a una que me llega al alma:

 

Santiago, mi nieto mayor, un día me dijo: Uribe es el mejor Presidente que he tenido en mi vida. Tenía apenas 8 años.

 

Después de oírlo me comprometí a llevarlo a conocer al Presidente.

 

Y la fecha llegó, nos recibió en su oficina.

 

Tuvo gestos cariñosos y se tomó una fotografía con Santiago.

 

Después se la envió con una hermosa dedicatoria, tuve que volver luego al Palacio de Nariño.

 

Cuando Santiago se enteró me dijo: ¿puedes llevarle una carta mía al Presidente?

 

Él mismo escribió Uribe en el sobre y me lo entregó. Lo que le decía era: gracias por trabajar por Colombia.

 

Su sentimiento infantil reflejaba lo que escuchaba en las conversaciones de sus padres y los padres de sus amigos.

 

Era el año 2010. El país iba por muy buen camino.

 

Seguían existiendo problemas y quedaban tareas pendientes. Pero, habíamos recuperado la esperanza y muchos compatriotas que se fueron a vivir en el exterior resolvieron volver a Colombia, ese regreso fue un acto de fe en las políticas de Álvaro Uribe Vélez.

 

La ilusión era tan grande, que millones de colombianos votaron a favor de la continuidad. La traición no pudo ser mayor.

 

Desde su discurso de posesión Juan Manuel Santos empezó a destruir lo que Uribe había construido. Se sentó a conversar con las Farc sin condiciones, acabó los contratos de seguridad jurídica con los inversionistas. Dejó de hacer los consejos comunitarios de gobierno, que unían a la gente con su Presidente. Debilitó la colaboración de los ciudadanos con la Fuerza Pública. Actuó como un secuestrado de la tiranía de Chávez y Maduro por su apoyo a las conversaciones en Cuba. Aceptó la justicia que querían las Farc, derogó la soberanía del pueblo. Somos un país con dos océanos y dejó perder un mar en san Andrés. Castró la democracia colombiana.

 

¡Qué ironía! Convirtió en honorables senadores a ‘Timochenko’ y sus muchachos.

Quiere que nadie toque lo que firmó con los herederos de ‘Tirofijo’ durante 12 años.

 

Pretende imponerle un programa de gobierno a los tres próximos presidentes de Colombia. Eso lo ha hecho con la complicidad de un Congreso que se suicidó. Desapareció porque sus mayorías lo que quieren es contratos y puestos. El Presidente los compró con mermelada.

 

Dejará a Colombia sin Constitución, con planes de gobierno acordados con el terrorismo. Sin plata por el derroche y la corrupción; con una justicia que será tribunal político revanchista. Un país sin rumbo. Una nación en la que la gente pregunta: ¿hacia dónde vamos Dios mío?

 

El futuro del país no puede ser la herencia de Juan Manuel Santos

 

Nuestro desafío es reconstruir a Colombia. Nuestro desafío es que haya crecimiento económico, seguridad ciudadana, inclusión social y que vuelva a haber diálogo popular. Nuestro desafío es lograr que la economía crezca sostenidamente a 7%. Dejar atrás el débil crecimiento de 1.8% hoy, tan distinto a las tasas de crecimiento del gobierno de Uribe. Garantizar la seguridad de los ciudadanos en el campo, las calles de los pueblos y ciudades.

 

Nuestro desafío es reformar la justicia para que haya justicia. Nuestro desafío es convocar una asamblea nacional constituyente para reformarla.

 

La pérdida de la libertad de los culpables de graves crímenes tiene que ser de verdad. Nada de ver a 60 líderes de grupos terroristas dizque con su libertad restringida, caminando arrogantes en ferias del libro seguramente celebrando que perdieron el plebiscito.

 

Nuestro desafío es construir 60 cárceles para que los bandidos no se vayan a la casa con la excusa de que hay hacinamiento. O porque hay perdón por la visita del Papa. Repito construir 60 nuevas cárceles. Colombia perdona cuando se hace justicia.

 

Nuestro desafío es darle de nuevo seguridad jurídica a los inversionistas y empresarios. La empresa privada es la que genera empleos de verdad, no el asistencialismo tipo chavista.

 

Nuestro desafío es erradicar las 200.000 hectáreas de coca. Nuestro desafío es impedir que los llamados disidentes de las Farc sigan financiando a sus bandidos amigos.

 

Nuestro desafío es garantizar que habrá una sola Constitución. Nuestro desafío es garantizar que la Constitución no será un juguete en manos de los terroristas de ayer porque vaca ladrona no olvida el portillo.

 

En 2018 la alternativa será democracia y empresa privada o socialismo siglo XXI. En 2018 no habrá apenas otra elección. El pueblo resolverá si quiere vivir en verdadera democracia o en una democracia castrada. Dirá si sigue decidiendo directamente o acepta que el futuro quede decidido por Santos y ‘Timochenko’. Escogerá el camino del centro o permitirá que ganen los cantos de sirena del izquierdismo fracasado. Votará para defender al empresario y al trabajador o dejará que el populismo ahogue la libertad de empresa. Se pronunciará a favor de la colaboración entre el empleado y el empleador o estimulará la lucha de clases que destruyó riqueza y oportunidades y no construyó nada.

 

Ordenará que se hagan obras para todos o preferirá que sigan creciendo los subsidios improductivos. Manifestará si quiere que los impuestos bajen o  facilitará que sigan subiendo y estrangulando a las empresas y los ciudadanos. El pueblo buscará que haya justicia eficiente para todos o aceptará una justicia diseñada con el terrorismo que quiere vengarse de los amigos de la democracia y escapar a las penas que merecen.

 

Colombia no puede ser como la Venezuela de la tiranía de Maduro

 

Tenemos el deber de luchar para que Colombia no sufra como ahora sufre el hermano pueblo de Venezuela. Allá, cansados de todo, creyeron que votando por alguien distinto arreglarían los problemas. Creyeron, también, que podrían cambiar el rumbo si no les parecía bueno, se equivocaron. El supuesto salvador derrochó la riqueza petrolera, acabó con las libertades y convirtió el país en una dictadura. Hoy muchos hogares venezolanos sienten hambre y la oposición democrática es perseguida sin clemencia.

 

Ese ejemplo doloroso tiene que servirle a los colombianos para no cometer la misma equivocación. En Colombia la riqueza petrolera ni la vimos. Durante éste Gobierno lo único que vemos es más impuestos. Las libertades, como en Venezuela, también han sido limitadas.

 

El que esté en desacuerdo, es castigado. En Venezuela cambiaron la constitución a las patadas. Y saben qué? Este señor también ha jugado con ella como si fuera una bola de plastilina. Algunos manifiestan que eso no sucederá jamás en nuestro país. No dicen que ya está pasando. Dicen con soberbia que centro democrático quiere asustar a los colombianos.

 

Esos son los que suponen que las Farc dejaron de ser una organización marxista leninista. Los mismos que piensan que el proyecto socialismo siglo XXI se fue a la tumba con Chávez. En esa orilla están los que se preparan para recibir  el poder que les dio Santos.

 

También están muchos ingenuos de buena fe que quieren que todo cambie. Tenemos que impedir el asalto de dictadores disfrazados de demócratas. Tenemos que interpretar bien a quienes quieren el cambio y quieren volver al camino adecuado.

 

Hace poco me encontré en Cali con doña Bertha, quien me dijo: “don Carlos Holmes, con el  señor Uribe íbamos por una autopista pavimentada, sin tropiezos, las cosas eran claras, y el rumbo claro, en cambio el señor actual nos metió por una trocha, por el camino equivocado.

 

Y a los bandidos de las Farc que andaban por las trochas, los subieron a la pavimentada, sin obstáculos ni curvas, por lo menos antes les dolían los riñones, porque a esos hombres hoy, en la pavimentada, no les duele nada”.

 

Y las mujeres de Colombia son sabias. Doña Bertha también agregó “mire don Carlos Holmes, a mí me da pena decirle esto, pero yo de mi pensión no vivo… soy una mantenida. Si no es porque mi Dios me dio unos hijos y unos nietos que me ayudan con una platica, no tendría con que vivir”.

 

Le dije a  doña Bertha y se lo digo a todos, los colombianos deben vivir de sus pensiones y no de los hijos y de los nietos. No es justo con nadie.

 

Y le agregué : “mija’, vamos a volver a sacar al país de la trocha en que nos metió este hombre. Vamos a volver a el camino adecuado, nos vamos a subir a la carretera pavimentada que nos creó el Presidente Uribe. Lo hicimos una vez, lo vamos a volver a hacer”.

 

¿Cómo? Que la economía crezca, colombianos. Hoy tenemos que decir: que la economía crezca colombianos. Cuando la economía crece hay más inversión. Se crean empresas nuevas. Aumenta el empleo y mejora su calidad. La gente recibe más plata. Crece la clase media. Y pueden destinarse más recursos para atender a los pobres, a las víctimas y mejorar la cobertura y calidad de la salud y la educación. Para crecer rápidamente y avanzar en la inclusión social tenemos que ser más productivos.

 

Colombia no puede seguir en el puesto 128 dentro de 144 países en innovación. Invertir apenas 0.22% del PIB en investigación y desarrollo no nos sirve. La meta debe ser, primero, ponerse a la par con el Brasil que invierte el 1.2%. Con solo 346 investigadores por millón de habitantes no creceremos a la velocidad que necesitamos. España tiene 4.712 por millón, Argentina 1514 y Brasil 872.

 

Un primer paso tiene que ser ponernos a la par con Argentina. El promedio de 0.3 investigadores por 1.000 trabajadores tampoco nos sirve. Tenemos que llegar inicialmente al 1.1%, que es el promedio regional. Con el fin de superar este atraso es necesario aumentar la participación del sector privado.

 

En nuestro país es apenas del 30% mientras en Finlandia y Corea, por ejemplo, llega al 60%. Hay que crear ‘Innovemos’ (corporación financiera para la innovación). Hará superar semejante atraso, urge crear ‘Innovemos’, corporación financiera para la innovación.

 

Todas las entidades financieras deben ser socias de este nuevo brazo para que el país sea más productivo. En materia de eficiencia de la administración pública ocupamos el puesto 123 dentro de 144 países. Nos metieron el cuento del buen gobierno, trajeron a los ‘Tony Blairs’ y cuanto consultor había, pagándoles millones de dólares. Y seguimos en el mismo 123.

 

La revista The Economist de esta semana, no el uribismo, dijo: “el señor Santos ha demostrado ser un pésimo gerente”(…). Sí, aquel que fundó una fundación, una consejería presidencial del llamado Buen Gobierno. No en vano el mismo Economist agregó “tiene menos popularidad que el incompetente tirano, Nicolás Maduro”. Así no podemos avanzar.

 

Necesitamos más ingresos para aumentar la inversión pública. El ingreso nacional debe llegar en 4 años al 17% y el territorial al 3.5%. Esa meta debe buscarse no cobrándole más impuestos a muy pocos si no menos impuestos a más. Para eso hay que bajar los impuestos y controlar severamente la evasión. Cuando se bajan los impuestos, la gente invierte mas.

 

Crecer rápidamente y avanzar en la inclusión social requiere facilitarle el crédito a las empresas. Tasas de interés más bajas, plazos más largos y montos más grandes son necesarios. También hay que bajarle los costos a las entidades financieras para disminuir los márgenes, y facilitar el acceso al financiamiento para el desarrollo.

 

La potencialidad de nuestro sector agrícola es inmensa. Sin embargo está frenada. El 90% del gasto en el sector se utiliza en subsidios y solamente el 10% en los bienes públicos necesarios.

 

Esa relación tiene que cambiarse. Lo que se necesita son mejores vías veredales, más asistencia técnica, más distritos de riego y menos subsidios. Los problemas jurídicos relacionados con los derechos de propiedad obstaculizan el desarrollo. Por eso hay que quitarle la tierra a los bandidos y respetar los derechos de los propietarios y poseedores de buena fe.

 

Que solo el 38% de los productores agropecuarios tengan acceso al crédito es una vergüenza. Ampliar la oferta de financiación y evitar que ahorquen a los pequeños en el mercado informal es prioritario.

 

El desafío que tenemos es que todos los colombianos se eduquen y reciban educación de calidad. Muchos más compatriotas van a las aulas. La calidad, infortunadamente, es deficiente. Tenemos que conseguir que el maestro sea de altísima calidad. Que sea querido, admirado, respetado y bien remunerado. La jornada única debe implantarse gradualmente.

 

Y Colombia tiene que ser un país bilingüe es necesario aumentar la inversión educativa. Las elecciones de 2018 deben ser un mandato político para el presidente en ésta área. El mandato debe consistir en concertar una política educativa integral y de Estado. Una política para atender a todos los niños entre 0 y 5 años. Que impulse la educación para hacer empresa. Que facilite que los estudiantes puedan pagar sus estudios superiores, dándoles más plazos y prohibiendo que se les cobre si no tienen con qué pagar.

 

En materia de salud tenemos que conservar los grandes avances en aseguramiento y acceso al sistema. Necesitamos hacer énfasis en la prevención mediante la atención primaria. Es inevitable corregir, sin embargo, los problemas de acceso que todavía existen.

 

Garantizar la estabilidad financiera del sistema es otro desafío. Así como conseguir que los incentivos para las aseguradoras y agentes prestadores sea la buena prestación del servicio. Para que la economía crezca rápidamente, los ciudadanos tengan seguridad y haya inclusión social el Estado tiene que ser pequeño, eficiente y transparente.

 

Tenemos que profundizar la descentralización. Actuar con la convicción de que el país crecerá si las regiones de Colombia crecen. Rechazar el centralismo asfixiante y arrogante. Cero corrupción tiene que ser el objetivo. Para conseguirlo se necesita no un discurso politiquero sino una estrategia nacional integral, una autoridad independiente que coordine la implementación de la estrategia y la creación de una corte internacional anticorrupción.

 

El condenado por corrupción se tiene que ir para la cárcel. Tiene que saber, también, que su vida laboral se acabó. Y tiene que saber que su nombre quedará en un muro de la vergüenza para conocimiento de toda la sociedad.

 

Política exterior para el crecimiento. Se necesita una nueva visión de la diplomacia colombiana. Nuestro relacionamiento con el mundo debe orientarse a conseguir que la economía crezca rápidamente. Y a tener un papel de liderazgo internacional en la lucha contra el problema mundial de la droga, el soborno transnacional, los derechos humanos, el cambio climático, la democracia global y el comercio internacional. Tenemos que apostarle al relanzamiento de la OEA y a la creación en el marco de la ONU de la corte internacional anticorrupción.

 

Política pública para la juventud, la mujer y la familia

 

La juventud, la mujer y la familia necesitan un marco legal que cree oportunidades para los jóvenes colombianos. Estimule la mayor participación de la mujer en los diferentes campos. Le facilite cumplir con sus deberes profesionales y sus funciones familiares. Y fortalezca la familia y los valores familiares, que son el núcleo esencial de la sociedad.

 

Luciano, un líder de la costa se me acercó y me dijo: “don Holmes, si nos quiere ayudar de verdad, ayudenos con los ladrones de celulares. Si a don Faryd Mondragón lo roban… pues aquí en la costa también nos roban. No dejen salir a los ladrones de la cárcel, nos tienen azotados”.

 

Yo le dije a Luciano: “tranquilo que a los bandidos les vamos a tener 60 cárceles,  para que no tengan excusas los jueces”.

 

Lo que ha hecho hasta ahora nuestro partido, con el liderazgo de Álvaro Uribe Vélez, es heroico. Pocos creíamos que su nacimiento era posible contra el poder. Pocos pensaban que contra los puestos, los contratos y las amenazas íbamos a elegir 20 senadores y 19 representantes.

 

Pero lo hicimos. Pocos pensaban que teníamos posibilidad de elegir Presidente de la República, pero ganamos la primera vuelta con Óscar Iván Zuluaga, a quien le transmito mi respeto, afecto y amistad. Y la segunda fue una feria de dinero e irregularidades que manchó de ilegitimidad la elección del presidente Santos. Pocos pensaban que avanzaríamos en las elecciones regionales. Pero lo hicimos.

 

Pocos pensaban que el NO ganaría en el plebiscito. Pero ganó en la campaña más desigual de la historia porque todo el poder acompañó el Sí. Nos robaron el plebiscito, pero en 2018 el pueblo tendrá la última palabra. De lo que se trata es de que el pueblo tenga la última palabra. La urgencia es defender la soberanía popular. Eso es lo que pretenden arrebatarle a los ciudadanos. Los círculos políticos que el gobierno compró con mermelada y las Farc quieren detenernos. Buscan seguir derrochando los recursos de todos los colombianos. Y los herederos de ‘Tirofijo’ adueñarse del país con las herramientas que Santos les dio.

 

La batalla que seguiremos dando es para que la nación continúe viviendo en democracia. A favor de la seguridad y de que la economía crezca aceleradamente para solucionar los problemas sociales. Por fortuna existe una gran fuerza. Una fuerza que busca equilibrios, defiende la libertad y rechaza los extremos. Una fuerza que prefiere el centro y no teme pronunciarse contra todos los poderes. Así lo hizo cuando votó mayoritariamente por el NO y volverá a hacerlo el próximo año. Esas fuerzas son ustedes, es el pueblo colombiano.

 

Centro Democrático es estabilidad, progreso y cambio. Centro Democrático es la esperanza de millones de colombianos. Centro Democrático es el muro de contención al fracasado proyecto del socialismo siglo XXI. Centro Democrático es garantía de democracia, libre empresa, seguridad jurídica. Centro Democrático defiende los valores y a la familia colombiana. Centro Democrático agradece y respalda el trabajo heroico de las fuerzas militares y de policía. Centro Democrático es centro y es democrático, por eso debe impulsar un movimiento ciudadano gigantesco. Un movimiento en el que quepan todos. Un movimiento ciudadano que se convierta en una gran coalición por Colombia.

 

Yo estoy dispuesto a dar la batalla que se avecina y preparado para darla. Voy a darla bajo su dirección presidente Uribe y siguiendo su liderazgo, que acato con convicción y afecto personal. Voy a darla con ustedes, queridos y admirados compañeros del partido. Voy a darla defendiendo nuestra propuesta programática en los medios de comunicación y en todos los escenarios académicos, profesionales, empresariales, comunitarios, sociales y populares.

 

Voy a darla también en las calles y en las plazas públicas. Esta tiene que ser una batalla programática. Pero también una batalla dirigida a ganarse el corazón del pueblo colombiano porque tenemos que ser la voz del descontento. Voy a darla contribuyendo a que formemos una coalición con los colombianos, es decir, la gran coalición por Colombia. Los invito con inmenso aprecio a que salgamos de esta convención movidos por sentimientos de unidad y cohesión, que conviertan nuestro partido en la más importante fuerza ciudadana de la nación.

 

Cumplamos bien con nuestro deber de salvar a Colombia, recuperar el rumbo y conducirla hacia un futuro de crecimiento, seguridad, inclusión y diálogo permanente, afectuoso, con el pueblo colombiano. Tenemos que ser la esperanza de un país que perdió la esperanza.

 

Muchas gracias”.

 

(Fin)