Intervención Senadora Paloma Valencia en la Segunda Convención del Centro Democrático

Fecha

Bogotá, 6 de mayo de 2017

Autor

Prensa Centro Democrático

Bogotá, 6 de mayo de 2017 (CD).

 

“Muy buenas tardes a todos a los que están aquí y a los que están en la regiones.


Me encuentro yo ante una seria dificultad y estar de última cuando ya los cojo cansados y con hambre, y los cojo además ya oyendo propuestas de unos candidatos extraordinarios que tiene este Partido, porque lo primero que hay que decir es que después de oírlos siento orgullo de estar en este Partido, emocionada, de saber que tenemos semejante lujo de candidatos.

 

El doctor Rafael Nieto, mi amigo desde la infancia, que ha hecho una exposición verdaderamente extraordinaria de los problemas que tenemos con la negociación de las Farc.

 

La doctora María del Rosario, que recoge todas las virtudes de la mujer colombiana y que ha hecho una exposición también llena de propuestas y de principios.

 

El doctor Iván Duque, mi amigo, compañero de las luchas en el Congreso, con un discurso que ha venido recorriendo el país y que nos llena de orgullo doctor Duque porque está construido con la base de los colombianos.

 

El doctor Carlos Holmes Trujillo, que representa a ese gran ilustre colombiano del Valle del Cauca que viene trabajando con este Partido incansablemente y resistiendo todas las vicisitudes de haber sido perseguido en la campaña anterior y que hizo también, como siempre doctor Holmes, un extraordinario discurso.

 

Al doctor Fernando Londoño, mi mentor político, mi saludo, mi cariño de siempre.

 

Al doctor Pacho Santos que ha sido el vicepresidente que representa la lealtad que caracteriza al uribismo.

 

Al general Barrero, mi amigo con quien estuvimos en el Cauca; en usted señor general, quiero saludar a las Fuerzas Armadas de Colombia, a los policías y a los militares y decirles que esta lucha inicia con ustedes, porque no vamos a permitir atropellos por parte de los violentos.

 

Al doctor Giraldo y a Nubia Stela, mi cariño, mi admiración y mi gratitud por esta Convención extraordinaria en todos los sentidos, fuente de su trabajo abnegado en estos días.

 

Y por supuesto al presidente Uribe, que no está aquí, pero que así no esté, le digo: yo estoy aquí por él, porque cuando este país estaba en esa época donde perdíamos la esperanza, yo me graduaba de la universidad y sentíamos que a Colombia la cubría una nube negra, parecida a la que hay hoy, donde parecía que ya no habría un destino posible para Colombia y se decía que éramos un país inviable, y apareció Álvaro Uribe como una luz en medio de esa tormenta, iluminó un camino que inspiró a millones de colombianos y a mí, como joven, Presidente, usted me inspiró el amor por este país y la certeza de que Colombia puede ser más, porque usted, con su trabajo y su liderazgo le ha demostrado a este país que si se pueden hacer los cambios y que no hace falta sino una mano firme para combatir a los violentos, para combatir a los corruptos, para derrotar la maquinaria, y un corazón grande para toda Colombia.

 

¡Viva Álvaro Uribe! ¡Viva el Centro Democrático!

 

Estoy aquí por usted presidente Uribe, y no he decido ser una candidata por Amapola, que es mi otro gran amor Presidente, porque esa niña pequeña también me necesita, y habiendo tiempo todavía para discutir si me meto, y habiendo semejantes candidatos, lo pensaré todavía unos días más; porque las candidaturas deben ser todo menos efecto de la vanidad; deben ser producto de la coalición y del sentimiento del pueblo uribista y colombiano.

 

Pero si llegara la buena fortuna a sonreírme, y el destino dijera que debo meterme ahí y Dios me bendijera ese camino y ustedes me acompañaran con su confianza y su trabajo, yo tendría manos blancas y puras, como diría el presidente Valencia, para manejar la cosa pública y el erario público.

 

Que ni un solo centavo se quede pegado en las manos del uribismo y que ni un solo escándalo de corrupción ensombrezcan los gobiernos del 2018. Y si llegara a tener esa candidatura, trataría de hablarle a todos nuestros disidentes con la voz suave que tengo reservada para Amapola, porque yo creo que este país en el 2018 necesita una Presidencia, no del uribismo, una Presidencia para Colombia, que incluya, que construya, que respete y que valore la oposición política en el verdadero sentido de un demócrata, que es saber que en el debate la diferencia da más, construye, fortalece y enriquece y así sería tratada la oposición en un gobierno que me tocara presidir.

 

Yo quiero iniciar hablándoles de las dos crisis que veo hoy en el país:

 

Una crisis económica que le duele a uno infinitamente, los colombianos cada vez más apretados en su bolsillo, un IVA que les quita sus posibilidades de subsistencia; las empresas cerrando sus puertas y generando más desempleo e informalidad en la nación; vemos también unos impuestos impagables de los ciudadanos que tienen casa y una brecha de ciudadanos que todavía no resuelven su problema de vivienda, y con esos intereses imposibles de pagar, presidente, la gente cada vez te queda más pobre.

 

Y por supuesto, la gran bonanza petrolera que tuvo este país, que recibió la mayor cantidad de recursos de la historia con presupuestos en todos los años que superaron los 200 billones de pesos, fue dilapidada porque en ningún lugar de Colombia uno encuentra las obras del gobierno Santos, por el contrario, aceitaron la mermelada como si fuera dinero fácil, pidiéndole a los colombianos más y más para seguir corrompiendo un aparato institucional ya desangrado por tanta corrupción y peculado.

 

En ese sentido, esa crisis le genera a uno unas preocupaciones de fondo, porque si no hay un proyecto político que recobre la empresa privada y el sector agropecuario, Colombia estará sometida a la pobreza durante los años venideros.

 

Pero la segunda crisis es igualmente preocupante y es la crisis política. Le duele a uno ver en las encuestas, presidente Uribe, que Juan Manuel Santos tenga una imagen favorable más baja que la imagen de las Farc, porque eso significa, queridos ciudadanos, que estamos perdiendo el país y que la gente hoy se siente más cercana a un grupo terrorista y sanguinario, que al propio Presidente de la República.

 

Juan Manuel Santos desinstitucionalizó a Colombia; le quitó a los colombianos la fe en el Presidente, la fe en la rama judicial, la fe en la rama legislativa y nos está dejando en un terreno próspero para que surjan los discursos del populismo y las aventuras locas de la gente, cuando decide que en medio de semejante crisis política conviene más buscar algún nuevo nombre que no tenga recorrido y que terminan siempre llevando al fracaso a los países.

 

La crisis política se originó en el desconocimiento de la voluntad popular, el maltrato a la oposición política, a la que han tratado de neonazi, de nazi, de paramilitar, de virulenta, de violenta, mientras que a los violentos les entregan asientos gratuitos en el Congreso sin siquiera requerir votos para llegar a ellos.

 

La crisis política que vive Colombia es el camino para Venezuela. Mi marido se burla de mi presidente, me dice que es una exageración hablar de lo de Venezuela, pero hay tres temas, queridos amigos, que vale la pena volver a pensar.

 

Primero: en Venezuela rompieron la separación de poderes y en vez de tener el debate sano de las democracias, los poderes corrían para donde Chávez lo hacía, y eso mismo está pasando en Colombia, pues recordemos que aun cuando el pueblo bravo de Colombia, en contra de la modificación del umbral del plebiscito del 50 al 13 por ciento; en contra de que el Estado tuviera solamente la plata para esa campaña y no se la hubieran otorgado al NO; en contra de que a los funcionarios públicos se les permitió hacer política como nunca se había permitido en las últimas elecciones;  en contra de la comunidad internacional que vino hacer un show en Cartagena pocos días antes; en contra de la manipulación de las palabras del Papa; el pueblo colombiano le dijo NO a los acuerdos de impunidad contra el terrorismo, le dijo NO a que los crímenes de lesa humanidad no tengan cárcel, le dijo NO a que los violentos puedan hacer política simplemente quitándose un uniforme lleno de sangre y pasando a  ocupar curules si ni siquiera recibir los votos.

 

Ese desconocimiento rompió la fe de los colombianos en la democracia,  la decisión de la Corte Constitucional de avalar el irrespeto de un Congreso que se siente superior a su pueblo; rompieron en Colombia las posibilidades de hablar de un equilibrio de poderes o siquiera de hablar de una división de los mismos.

 

Por supuesto que eso se parece a lo que pasó en Venezuela, como se parece, el hecho de que el presidente de Venezuela hubiera tomado facultades extraordinarias en la ley habilitante  para reformar la constitución  y la ley como si fuera un dictador, que lo era, pero eso mismo pasa en Colombia ciudadanos, con el Fast Track el Presidente cerró el Congreso de facto y simplemente lo convirtió en un firmón que aprueba los proyectos que ellos presentan con las Farc, y que el terrorista Iván Márquez llama a que se voten e mediatamente la Unidad Nacional corre a votar lo que les han propuesto.

 

Ese es un síntoma, de que tenemos una pérdida de las instituciones, como el hecho de que nuestra Constitución haya sido mancillada incorporando dentro de su texto, las más de 300 páginas de concesiones a terroristas que el propio pueblo colombiano había rechazado.

 

El tercer síntoma: la corrupción que se había metido en Venezuela a través del narcotráfico. Qué les parece el cartel de Los Soles que había infiltrado la milicia venezolana y que con las Farc y el Eln transportan las drogas por ese territorio con anuencia del gobierno chavista, como lo confesaron los sobrinos condenados de Maduro.

 

Y entonces ciudadanos, qué le pasa a Colombia cuando el primer cartel de cocaína del mundo que son las Farc, puede entrar hoy a la política y no ha entregado ni una sola ruta, ni un solo socio y los cultivos ilícitos proliferan en el territorio nacional y lo único que dice el Gobierno sobre eso es que no va a fumigar, y las Farc,  cuando hablan de erradicación manual de cultivos, dicen que defienden al campesinado, buscando un discurso legitimador y destruyendo la fuerza del Estado para derrotar a todo ese negocio de criminalidad qué se alimenta el narcotráfico.

 

Estas crisis son peligrosas para Colombia y nos dejan en una situación de profunda preocupación y tristeza.

 

Pero yo no quiero mandarlos a la casa sintiendo que el país va mal, yo quiero que se vayan a la casa, con la certeza de que el Centro Democrático va a recuperar el rumbo para Colombia; con la certeza de que la esperanza para la Colombia mejor, grande, próspera, rica, incluyente, es el Centro Democrático; porque el Centro Democrático se erige hoy como el Partido poderoso que en medio de la adversidad lo ha resistido todo y que tiene el discurso para transformar las realidades que hoy no nos parecen suficientes.

 

Y la receta es la misma del presidente Uribe, los cinco huevitos. Claro, es que aquí no hay que inventarse que el agua moja, si es que los que nos funcionó, funcionó, y lo que hay que hacer es coger los principios del uribismo y volver a sembrar los cuatro huevitos para entregarlos cómo los entregó al final de su gobierno, diciendo, que ese es el rumbo para Colombia.

 

El primero es la seguridad, porque se ha perdido en el territorio la seguridad, que no es, presidente, como usted lo decía muy bien en sus discursos, simplemente la fuerza pública ocupando los territorios, es la llegada de la oferta estatal a esos territorios, es no concederles, como lo han hecho ahora, el reconocimiento de una institucionalidad basada en el miedo y en los fusiles que construyó las Farc en los territorios de Colombia, sino de la mano de la justicia, de la educación, de la salud, de las oportunidades, donde los colombianos de bien sientan que pueden florecer porque el Estado está de su lado y cuando hay violaciones a la ley, es implacable en el castigo y sigue adelante buscando que los colombianos puedan tener futuro.

 

Los cultivos ilícitos en el país y la minería ilegal, son las verdaderas causas de la violencia. Que no nos vengan con razones políticas, son los negocios ilegales que generan miles de millones de dólares, los que permiten que grupos ilegales tengan armas y sometan al suplicio a los colombianos, porque cuando intentan erradicar entonces los grupos ilegales atacan a los pobladores colombianos, para evitar que el Estado haga presencia.

 

Y este Gobierno que recibió en 47.000 hectáreas de coca el país, ya lo tienen 188.000 pero seguro ya vamos pasando las 200.000 y eso lo está manejando las Farc en asoció con el Eln y con todas las bandas criminales, que hoy peligrosamente se toman los municipios de Colombia. Y se lo toman para ejercer microtráfico en micro extorsión, y sus víctimas favoritas son los niños colombianos, que los están volviendo adictos, para volver ese negocio lucrativo.

 

La seguridad en Colombia arranca, porque no vamos a permitir ni cultivos ilícitos, ni minería ilegal en este territorio, porque los negocios tienen que ser legales, para que le paguen al Estado y le sirvan a los colombianos.

 

Al mismo tiempo, tampoco hay que subestimar el tema de la justicia. Porque la justicia es el elemento integrador del Estado. Vamos a tener que tener una fuerza élite, Presidente, de jueces y fiscales, que vayan a los municipios apartados de Colombia y lleven justicia. Que no sean las Farc, las que resuelven las controversias cómo está pasando en el sur del Tolima y en el Cauca, que van los campesinos y los vecinos a solucionar sus cosas porque el Estado colombiano no hace presencia.

 

El grupo élite de la justicia, va a tener que llegar allá a solucionar y a que él ciudadano sienta que hay Estado, y hay respuesta institucional con procesos veloces y resoluciones efectivas.

 

Pero al mismo tiempo, en el tema de la justicia, tenemos que rechazar categóricamente la justicia especial para la paz. Fruto de la concupiscencia de Juan Manuel Santos, con el grupo terrorista que ha nombrado 5 reyes, que nadie conoce, para que vengan a nombrarnos los jueces, que van a absolver a las Farc, y que pretenden condenar a los soldados, policías y a los colombianos; para construir una verdad de mentiras, una verdad que le dice a Colombia, que las Farc son unos próceres y que en cambio, los colombianos y su Estado hemos sido unos genocidas.

 

Y por supuesto, la confianza inversionista, que tiene que generar empleo a los colombianos. No empleo de se que generan los burócratas, que llegan y gastan el presupuesto y quiebran los hospitales y las alcaldías, ayudando a los amigos. Empleo privado, para que el ciudadano sea libre y puede exigirle a los políticos, que cumplan con sus programas.

 

Y la cohesión Social, que es la que surge de hacer que la industria crezca, que el agro crezca, y se le pueda cobrar impuestos, para que pueda impulsar la transformación de las clases menos favorecidas. Es injusto que los sistemas laborales de Colombia  que tiene la minoría, hablen de los salarios mínimos, el Sisben y de la seguridad social; cuando más del 52 por ciento de los colombianos ni siquiera gana un salario mínimo, y está por fuera de la seguridad social.

 

Vamos a concentrarnos en los sectores más pobres de Colombia, porque la cohesión social, arranca por destruir esa separación odiosa que ha creado Colombia, de la estratificación social.

 

Vamos a buscar una Colombia incluyente, donde todos los niños sin importar el estrato, vayan a los mismos colegios. Donde todos los niños sin importar el estrato, tengan derecho a las mejores universidades. Donde todos los niños sin importar el estrato, puedan tener el sueño de realizar lo que se han propuesto en la vida.

 

Y por supuesto, no podemos dejar pasar el tema de los bienes públicos. Colombia está quedada en la creación de espacios públicos, y por eso nuestra sociedad no se encuentra, no se ve, no se ama, y mientras los colombianos no seamos capaces, de reconocer en los otros un hermano por el que estamos dispuestos a sacrificarnos, no vamos a construir un proyecto nacional, que demuela para siempre no solamente la corrupción, sino la falta de oportunidades y la pobreza.

 

Y por supuesto austeridad. No vamos a dilapidar la plata pública, vamos a tener un Estado pequeño que actúe eficientemente. Vamos a combatir la corrupción, porque cada uno de los colombianos se va a comprometer, a que en las próximas elecciones no vamos a votar por los corruptos, y en un solo día Colombia va a derrotar a todos los corruptos y vamos a permitir que el sueño de prosperidad este país salga adelante.

 

Y finalmente, el diálogo popular y la descentralización. Porque el Centro Democrático, lo que encarna es eso la visión de las regiones. Me gusta pensar Presidente, que este partido que es como su hijo, es un cuerpo vivo, que dibuja la nación colombiana.

Donde la Costa Caribe con su calor, con sus emociones, es el corazón bombeante que nos hace sentirnos vivos. Donde los Llanos orientales y la Orinoquía son las piernas que cimientan este Centro Democrático, firmes, valerosas, que avanzan. Donde los bosques amazónicos son como el cerebro que produce oxígeno y nos llena de ideas.

 

Donde el Centro de Colombia son como las manos que quieren agarrarlo todo y que permiten que el Centro Democrático se exprese, y quiera construir una fisionomía distinta para Colombia.

 

La Costa Pacífica, atormentada y dolorosa, es como la memoria que nos repite todos los días, porque estamos aquí y qué es lo que queremos evitar, en pobreza, en corrupción, en abandono y en destrucción institucional.

 

Y por supuesto la Antioquia, Presidente, que se parece a usted. Con esas lomas escarpadas, cómo su carácter, siempre recio, siempre recto, siempre firme. Con los ríos que la surcan, como su creatividad Presidente, que siempre nos llena de ilusión verlo recorrer este país por todas partes, en todos los rincones y no hay lugar donde usted no salude algún compatriota.

 

Que se parece también en ese cielo azul, como usted Presidente, que todos los problemas logra iluminar, y yo se los llevó usted y siempre siento que me da la luz para ver para dónde ir, y por supuesto esa Antioquia de los abuelos, que defiende los valores, los principios, que creen la familia, que cree en este país.

 

El Centro Democrático entonces, este enorme cuerpo que también compone los santanderes, qué son, ese pecho firme que se impone al viento y que por supuesto como ellos, es altanero y quiere más.

 

Ese cuerpo del Centro Democrático se me asemeja también, a un barco en medio de las aguas turbulentas y negras, al ruido de los cañones enemigos, cada vez más afín a las maderas hechas de los puros colombianos de bien que están aquí, y que hoy nos acompañan, cuyas velas están hechas de los hilos de las vidas de ustedes, cuyo viento es el aliento de cada colombiano vivo que nos inspira, que nos mueve y que nos enaltece.

 

Que arriba en el mástil está la figura del presidente Uribe, que a veces lo veo de bronce presidente, porque usted brilla cada vez que le da el sol y no hay bala enemiga que pueda llegar a su corazón.

 

Usted representa ese mástil que nos llena, y nos inspira y nos mueve. Y arriba, más arriba, están las estrellas; que representan el sueño de cada colombiano para salir adelante y arriba, arriba, arriba, más arriba está Dios que todo lo ve y a quien le pedimos, energía coraje para atender la justicia, habilidad para sortear las dificultades, y sobre todo toda la paciencia, para resistir la adversidad.

 

Ese barco del Centro Democrático, inicia ese recorrido y lo digo hoy: yo no correré en contra de ningún candidato del Centro Democrático, correré a su lado, de la mano, con el saludo al doctor Óscar Iván Zuluaga perseguido por la justicia, al doctor Luis Alfredo Ramos perseguido por la justicia.

 

¡Adelante en ese barco vamos por la victoria! No importa la tempestad, estoy segura de que los vientos de renovación han llegado para quedarse. Vamos a soplar para que este cuerpo vivo del Centro Democrático se levante con la victoria en el 2018.

 

Por Colombia, por la libertad, por la democracia, por el Centro Democrático, ¡Qué viva Álvaro Uribe! ¡Qué viva Colombia!”.

 

(Fin)