Columna/ Cárceles de Colombia las universidades del crimen

Fecha

Bogotá, 16de mayo de 2017

Autor

Por: Edward Rodríguez

Por: 

Edward Rodríguez

La historia de las cárceles y la población carcelaria en los últimos años sigue pidiendo atención a una problemática que ya superó todo diagnóstico y se volvió un lugar común dentro de los temas prioritarios del gobierno.

La destorcida de la delincuencia, los miles de disidentes de las farc, las mafias del narcotráfico, bacrim, Eln y la corrupción, se han convertido en las industrias que más producen material humano para las cárceles del país a las que ya no les cabe un “tinto”. 

En los últimos años ya se perdió el número de debates a las políticas carcelarias, sin que se haya llegado a solución alguna. Es tal el accionar de la criminalidad que mueve el submundo del tráfico de drogas y la delincuencia común, que podría decirse que el delito le cogió ventaja al gobierno y a la decrépita infraestructura carcelaria existente, que cuenta con menos del 40% de la capacidad instalada que necesita para enfrentar la demanda de cupos en las cárceles donde el hacinamiento en corredores, celdas y vericuetos, muestran un panorama ruinoso, deprimente y desolador.

Es la realidad de un país que abandonó la política que se había trazado en la década pasada para combatir la criminalidad desde todos los ámbitos y que en su momento permitió bajar los índices de criminalidad. Sí señores fue la “seguridad democrática”, la que pese a sus detractores permitió disminuir en  8 años el 46,2% de los homicidios guarismo que estaba en 28.837 a 15.817 y los secuestros de 2.882 a 213, por citar algunas cifras. 

Cuando propusimos el proyecto de ley de seguridad ciudadana y prevención del delito y la drogadicción, insistimos que el problema no era solo de construir nuevas cárceles, sino que el gran eje era el de la educación  para evitar que nuestros jóvenes fueran atrapados por las bandas de delincuentes y examinar así que los penales no terminaran convirtiéndose en las universidades del crimen en las que se han convertido hoy y se lograra una verdadera resocialización, donde empezáramos a hablar de derechos humanos y de dignidad Humana.

Incluso esta problemática nos llevó a proponer al Congreso un proyecto de ley de indulto humanitario o “Jubileo”, para que presos que ya hubieran pagado las tres primeras partes y no estuvieran involucrados en delitos de lesa humanidad, en contra de la mujer, la integridad sexual de niños, niñas, adolescentes y actos de corrupción, se les pudiera estudiar el caso, darles la libertad y de esta manera mitigar en buena parte el hacinamiento que se vive en las cárceles de Colombia. 

Sin embargo, tanto la propuesta nuestra como la del gobierno, no ha calado muy bien en la Fiscalía, que se opone a que estas iniciativas puedan derivar en la salida masiva de delincuentes que lejos de haber alcanzado un grado de resocialización, terminen creando un problema mayor a la justicia al ser liberados. 

Y algo que preocupa, es como en la Costa Atlántica, supuestamente el hijo de ”La Gata”, no solo sale de la cárcel durante los fines de semana, sino que estaría convirtiendo su lugar de reclusión en el paraíso para adelantar sus fechorías, extorsionando y  amedrentando a líderes locales a los que considera sus enemigos, para quedarse con el negocio del chance como lo señalan en voz baja ciudadanos de la costa. Algo que debe explicar la justicia colombiana.

El tema desde ningún punto de vista es sencillo, pero el país necesita respuestas a este fenómeno de hacinamiento que sigue retando la capacidad de los gobiernos nacionales y regionales, esto sin tocar el ambiente de violencia y la crisis humanitaria que se vive al interior de las cárceles donde la vida de los reos se equipara al mismo infierno.

 

 

(FIN)