José Félix Lafaurie Rivera

@jflafaurie

 

Acabo de enviarle una carta al ministro Zea en busca de soluciones a la difícil relación entre ganaderos e industria láctea, caracterizada por: 1) Una ganadería que produce  más de 7.300 millones de litros.  2) Una industria que acopia el 44,3%, dejando en la informalidad más de 4.000 millones de litros.  3) Una política pública que no logra aumentar el consumo de leche procesada en los estratos 1 y 2, de apenas 36 litros/año, un problema de salud y  de equidad. 4) Unos TLC  que permiten importaciones crecientes con bajos aranceles, que sumaban 42 mil toneladas al mes de mayo.

¿Por qué una industria con potencial de crecimiento no amplía su capacidad para ensanchar el mercado de leche procesada? Porque está cómoda vendiendo productos de alto costo a estratos altos, y productos que el mercado no requiere, como leche “larga vida” para consumo inmediato, lo cual afecta el bolsillo de las clases medias y bajas.

¿Por qué opta por importar una industria con tanta disponibilidad de materia prima -más del 100% de lo que procesa? Porque los aranceles son bajos y resulta un buen negocio, y porque esas “enlechadas artificiales” mantienen a raya el precio  a los “afortunados” que logran venderle su leche.

La excusa tradicional es el clima y hoy es la pandemia, el desempleo y la caída del consumo como causas de  la enlechada; pero si realmente están “enlechados”, ¿por qué importan?

Para incentivar el consumo en los sectores vulnerables y aumentar el acopio, con recursos aportados por los ganaderos al Fondo de Estabilización de Precios, se aprobaron $4.200 millones y $1.000 más para fomentar exportaciones. Es decir, los ganaderos ceden a la industria $5.200 millones para que compren su leche y no importen.

¿Qué hizo la industria? Aumentó 14% las importaciones, acumulando a junio 48 mil toneladas; más de 456 millones de litros que no se compraron a campesinos colombianos en plena pandemia, sino a ganaderos de USA y la UE. El Gobierno no puede prohibir las importaciones sin violar compromisos internacionales, pero la industria, como parte de la concertación y hasta por solidaridad, sí puede suspenderlas, pues nadie la obliga a comprar.

Ya es hora de que pongamos todos. Además de los 5.200 millones de 2020, durante los cinco años anteriores los ganaderos transfirieron a la industria $12.000 millones, pero el acopio bajó del 51% al 44,3%. Por eso le insisto al ministro en un Fondo común en el que pongamos los ganaderos, pero “que no nos sigan ordeñando”; que también pongan la industria y el Gobierno, para llevar leche procesada a los más pobres.

Llueve en el país y habrá más leche,  y como si fuera poco, este mes se celebra el Día Internacional de la “leche vegetal”, una iniciativa de ONG internacionales de animalistas y veganos despistados que quieren acabar con la ganadería. ¡Habrase visto!