Nos tiraron una bomba que no estalló

Por: Christian Garcés
Representante a la Cámara por el Valle del Cauca
 
Nunca antes en la historia se había producido una persecución tan sistemática como la que hoy padecen líderes del orden nacional como el expresidente Uribe, víctima de personajes que, al no ganar en las urnas, pretenden sacar del juego a sus contenedores fabricando procesos judiciales con falsos testigos.
Así, en un intento desesperado por desestabilizar el gobierno Duque y desorganizar las bancadas de Centro Democrático en el Congreso, el doctor Uribe se convirtió en el blanco de una red de mentiras que tratan de dañar a alguien que le ha servido a la patria con dedicación, amor y compromiso.
Es lamentable que el testimonio de un delincuente como Juan Guillermo Monsalve –bajo la presunta manipulación de Iván Cepeda-, pese más que la del expresidente, dejando ante la opinión pública la sensación que su historia es la verdadera, ignorando, incluso, al padre del calumniador, Óscar Monsalve, que desmintió las declaraciones de su propio hijo.
Igualmente, el enredo en que se halla el representante Prada, producto de las declaraciones de Monsalve, pueden ser fácilmente desmentidas por las conversaciones que sostuvo con Carlos López, más conocido como ‘Caliche’. Un intermediario que, en repetidas ocasiones, intentó contactar al expresidente, dejando entrever un intento de trampa que sorpresivamente es ignorado por las autoridades.
Invito a que el magistrado José Luis Barceló indague el por qué Iván Cepeda solicitó ver a Monsalve 21 veces en la cárcel y que explique ante la opinión pública –ya que se filtra la información judicial a los medios-, el por qué desestimó los testimonios de tantos paramilitares que desde diferentes cárceles denunciaron que el congresista del partido Polo Democrático les ofrecía nuevas locaciones, medidas cautelares o sacar a sus familiares de Colombia a cambio de ensuciar a Uribe.
No se entiende cómo la justicia se está basando en testimonios de delincuentes, para poner a las puertas de la cárcel, a personas que han servido al Estado y ocupado las más altas dignidades ¿dónde están las pruebas del delito? Pero unas que verdaderamente trasciendan los comentarios, mentiras y chismes de pasillo.
Afortunadamente toda esta red seguirá siendo puesta en evidencia y hay un consenso nacional sobre la necesidad de reformar la justicia en Colombia para que recuperemos la confianza en nuestra institucionalidad y se sancione realmente a quienes delinquen.
 

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