El confinamiento al que nos hemos visto obligados con la sorpresiva llegada de la pandemia por el Covid-19 permitió por primera vez en mucho tiempo, que nuestro planeta tuviera un respiro gracias a la disminución de las actividades productivas y de movilización de las personas, reduciendo los niveles de contaminación. Este desahogo provocado por la suspensión, casi en su totalidad, de las operaciones aéreas; la ausencia de aglomeraciones de personas; el cese de actividades en las grandes industrias; y la disminución del tráfico de vehículos en las calles del mundo entero es momentáneo, pero necesario, para un planeta en el que la mayoría de sus ecosistemas son frágiles y están en peligro constante como consecuencia de la actividad humana.

 

La realidad es que a la ansiedad colectiva de volver a la normalidad se suma la urgencia de reactivar las economías del mundo que se vieron gravemente afectadas por la emergencia económica y social desatada por el Covid-19. Es en este punto donde nos urge, como sociedad, garantizar que ese reinicio de actividades sea prudente y disciplinado, pero sobre todo sostenible ambientalmente. Nada hacemos con volver al frenetismo económico sin conciencia y compromiso con nuestra naturaleza.

 

En Colombia los efectos del aislamiento obligatorio y el cese de la mayoría de las actividades productivas sobre nuestro ecosistema han sido excepcionales. El avistamiento de aves aumentó en zonas rurales y urbanas, la fauna recuperó espacios que le fueron arrebatados, incluso en algunos casos especies como una osa andina y sus oseznos (Nariño), osos hormigueros (Yopal), zorros (Bogotá), comadrejas y zarigüeyas (Cali), entre otros, se hicieron visibles ante la sorpresiva mirada de los pobladores de esas zonas.

 

Los parques naturales se oxigenaron. Prueba de ello fue el avistamiento del lagarto más pequeño del mundo y la llegada de tres especies de tortugas marinas, para anidar, al Parque Tayrona, área protegida del Caribe colombiano. Las playas también se han renovado y están limpias, y muchas de las aguas turbadas recuperaron su color cristalino e incluso gran parte de la vida animal que en ellas existe; como ocurrió en Santa Marta, donde fue avistada una manada de delfines muy cerca de la bahía.  Lo que nos muestra que tenemos que dejar el egoísmo al aprovechar nuestros recursos naturales sin pensar en su conservación y cuidado.

 

La atmósfera también tuvo un respiro. Según los reportes de los Sistemas de Vigilancia de Calidad del Aire de las principales ciudades del país, la mejora fue significativa en Bogotá, Medellín, Bucaramanga y Cúcuta. Incluso, según Greenpeace, en los dos primeros meses de la cuarentena, las emisiones de dióxido de nitrógeno en la capital colombiana disminuyeron en un 27 % respecto al año 2019.

 

Revisemos el panorama internacional. Para el caso de China, epicentro de la pandemia, según cálculos del centro de Investigación en Energía y Aire Limpio de Estados Unidos, el cierre de fábricas y comercios ha producido una disminución de las emisiones de CO2 de al menos 25%. Entre tanto, en España, desde el 14 de marzo los niveles de contaminación atmosférica por dióxido de nitrógeno en sus principales ciudades tuvieron una reducción del 55%, una mejora sin precedentes en la calidad del aire, según la Organización Ecologistas en Acción.

 

Pero, además, en los países con mayor emisión de gases de efecto invernadero como Estados Unidos, India y China, la producción de CO2 ha disminuido en 17 millones de toneladas durante los primeros meses de pandemia. Esto es algo realmente significativo. Para América Latina, según el estudio de la Universidad East Anglia, Colombia redujo en un 36%, Brasil 25%, Argentina 27% y Chile 20%

 

Sin duda, esta es una gran oportunidad para que la reapertura de la economía esté pensada también en preservar la salud de nuestra ´casa común´ como dice el Papa Francisco. Estos alivios, aunque muy positivos, son temporales, por eso no podemos olvidar que no tendremos una buena salud física si vivimos en un mundo enfermo por la contaminación.

 

No puedo terminar esta columna sin ponderar el gran trabajo del presidente Iván Duque en materia ambiental. Los avances logrados en temas como la lucha contra la deforestación, el impulso a la siembra de árboles, la implementación de la economía circular y el compromiso con los objetivos de desarrollo sostenible, así como las metas para contener los efectos del cambio climático, hizo que fuéramos el país anfitrión en la celebración del Día Mundial del Medio Ambiente, organizado por la ONU. Grato reconocimiento que nos demuestra una vez más que vamos por la senda correcta.

 

Bien aplica para esta columna la frase de la novelista india, Arundhati Roy: “Históricamente las pandemias han obligado a los humanos a romper con el pasado e imaginar un mundo nuevo. Esta no va a ser diferente”. Confío en Dios y la decisión de los colombianos que sea así.

 

María del Rosario Guerra

@CharoGuerra